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by Francisco de Enzinas, Alba María Caballero Bravo, Ignacio J. García Pinilla
2017 · Ediciones de la Universidad de Castilla La Mancha
Cuatro libros de idéntico formato y con idéntica información de imprenta se publicaron en 1550. Todos ellos coincidían en contener traducciones castellanas de sendos libros del Antiguo Testamento y en ocultar los nombres del traductor y del verdadero impresor y del lugar donde aparecieron, para evitar la persecución inquisitorial. En realidad, eran obra del humanista protestante Francisco de Enzinas (Burgos, 1518-Estrasburgo, 1552) y se publicaron en la imprenta que él mismo creó en Estrasburgo, regentada por Augustin Fries. Enzinas había vertido los libros de los Salmos, Job, Proverbios y Eclesiástico, todos ellos de fuerte contenido sapiencial, a partir de la Biblia latina de Sebastián Castellio, que en su mayor parte permanecía manuscrita. Publicar tales libros suponía arrostrar grandes dificultades y peligros, por lo que con ellos Enzinas demuestra la importancia que otorgaba a la difusión de la Sagrada Escritura entre sus compatriotas. Como ya sucedió con su Nuevo Testamento (1543), constituyen por sí un manifiesto del deseo de libertad religiosa, justo en un momento en que la prohibición de la lectura de la Biblia en vernáculo tenía en España poderosos partidarios, que se acabarían imponiendo.Ahora se editan todos ellos en un único volumen, para contribuir al conocimiento de la traducción de la Biblia al castellano en la España moderna.
by Juan Páez de Castro, Eduardo del Pino González, Ignacio J. García Pinilla
2017 · Ediciones de la Universidad de Castilla La Mancha
El humanista Juan Páez de Castro (Quer, ca. 1510 – Quer?, 1570) no publicó nada en vida. No obstante, su exquisita erudición fue reconocida por los numerosos mecenas que lo protegieron: desde el embajador Diego Hurtado de Mendoza y el cardenal Francisco de Mendoza y Bovadilla hasta el mismo rey Felipe II, cuyo cronista fue. En sus años italianos fue testigo del Concilio de Trento, de la tormentosa elección del papa Julio III y de los efectos de la política imperial; en Flandes se vio envuelto en la agitación doctrinal de la que participaban el arzobispo Bartolomé de Carranza y algunos españoles inquietos, como Fadrique Furio Ceriol o Pedro Jiménez; a su vuelta a España, se convirtió en referente imprescindible para los humanistas, y entre ellos, de modo especial, para el toledano Álvar Gómez de Castro. Los poemas latinos de Páez, casi todos de su época italiana, son piezas de ocasión de dispar calidad, escritas sin intención de conformar un corpus unitario ni de publicarlas. No obstante, ofrecen un vivo panorama de su situación personal y de sus relaciones, aficiones e ideas. Su edición y estudio contribuyen a sacar a esta figura de la penumbra en la que quiso vivir y que ha perdurado hasta nosotros.